Crítica del Diario La Nación de Buenos Aires, Sábado 14 de julio de 2007
Con el sello Inti Illimani intacto
Actuación del conjunto chileno Inti Illimani Histórico, integrado por Horacio Salinas (composición, guitarra, canto y dirección
musical), Horacio Durán (charango y canto), José Seves (guitarra, quena, cajón,
canto), Jorge Ball (quena, cuatro, percusión, canto), Fernando Julio
(contrabajo y canto), Danilo Donoso (batería, percusión y canto), y Camilo
Salinas (piano, acordeón y canto). Presentación de temas de su último disco
Esencial. Nuestra opinión: excelente
Regresa con gloria Inti Illimani. De la mano de su líder
musical, Horacio Salinas, vuelven también tres de sus más conspicuos
compañeros: Horacio Durán y su charango; José Seves, en su guitarra, quena y
cajón, y Jorge Ball, con quena, cuatro, y más percusión, a los que se le unen
esta vez, Fernando Julio, en contrabajo eléctrico; Danilo Donoso, en batería y
percusión, y Camilo Salinas, en piano. Todos ellos dispuestos a compartir el
canto, solos o en ensambles de dos, tres y cuatro voces.
El sello Inti Illimani, intacto. El mismo que vislumbró,
esbozó, entretejió y plasmó Horacio Salinas, el auriga que, desde su guitarra,
su inventiva de compositor y arreglador, se convirtió en su segura guía hace
unos treinta y cinco largos años.
"El estilo es el hombre", había definido en el
siglo XVIII el académico francés Bufon. Y quiso decir que en el estilo se
descubren la formación y las aptitudes de los creadores.
De allí que podamos ratificar hoy aquellas impresiones que
nos dejaron los Inti Illimani cuando nos visitaron por primera vez, en marzo de
1985, y aquellas valoraciones que desgranábamos al año siguiente en cuanto a
las cumbres musicales por ellos alcanzadas. Las mismas que han podido constatar
muchos de los fervorosos seguidores que formaron parte de la generación de los
exilios. Si bien aquel conjetural nimbo que circundaba los destierros se haya
-un tanto- desdibujado por el paso del tiempo.
Este "Inti Illimani histórico" nos visita esta
vez, a tres años de un esporádico encuentro, como parte de su gira por nuestro
país, para entregarnos las nuevas canciones que integran su última grabación
Esencial junto a sus tres nuevos integrantes. Y será casi de rigor aclarar que
lo de "histórico" alude al reciente cisma que dividió en dos al
emblemático grupo chileno, en el que no sólo está en juego la paternidad y el
uso del nombre, sino -sobre todo- los contenidos estéticos que lo alientan y
singularizan.
De todos modos Inti Illimani, fundado en 1967 en Santiago de
Chile, no sólo se encuentra celebrando sus cuarenta años de trayectoria, sino
que este grupo histórico llega con la intención de ofrecer su homenaje a
Violeta Parra, a cuyo impulso (como bien aclara Salinas durante esta
enfervorizada reunión), nacieron y crecieron ellos y varias otras formaciones
en su país.
El simple detalle de un ingreso en ropa de calle, con la
cansina naturalidad de quien llega a su casa, ya está indicando que lo que más
importa no son ni la indumentaria ni el gesto triunfal, sino el ir en busca de
la autenticidad y la excelencia musical.
Todo el misterio y el jolgorio del altiplano habrán de
ocupar la noche, ya desde ese pórtico que es "Tatati", resonando en dos
guitarras, charango, flauta, teclado, contrabajo eléctrico y batería. Por
cierto que enseguida se abrirá el espacio para el sortilegio, como un signo
inequívoco del Inti Illimani de Salinas. "Palimpsesto" habrá de
refulgir como en los mejores tiempos, al enhebrar notas de aliento hímnico,
hechas poesía y testimonio.
Ahí mismo ya están instalados los exquisitos ensambles
instrumentales que empiezan por definir, desde la eufonía tímbrica y los
hallazgos sonoros pergeñados por Salinas, hasta la calidez de las voces en
dúos, tríos o cuartetos, para crecer en emoción, como en ese otro sello, al que
puso rúbrica la voz de Mercedes Sosa: "Un son para Portinari".
Un furtivo tramo dedicado a tres canciones de Violeta Parra
dará paso a nuevos aciertos en la combinación instrumental y vocal. Es el
momento en que irrumpen el gozo del ritmo, el énfasis en sus acentos, la
policromía casi visible de los timbres junto con las introspecciones de los
silencios ancestrales y siderales, y los júbilos crepitantes de las fiestas
telúricas "Arroz con cocolón", en ritmo de festejo, y las "Danza
verde" y "Danza mediterránea", a las que se suma el acordeón.
Siempre la inasible conjunción, el secreto pacto en los intersticios de los
tiempos del 3 x 4 entrelazados con los del 6 x 8.
Hay canciones sencillas, como "El lazo", de Víctor
Jara, pero con tantas emotivas honduras como el "Canto de las
estrellas" (que encierra idénticas cadencias que el clásico "Volver a
los 17", de Violeta). Serán el oportuno paréntesis para la incursión por
el endiablado ritmo venezolano de "Montilla", que sobreviene como un
estallido del alborozo. Y en seguida "Cándidos", con sus tiempos
entrecortados y sus poderosas esdrújulas, apoyados por flauta traversa,
acordeón y cajón peruano; otra marca chilenísima de Inti Illimani en el orillo.
Por supuesto que no podía ausentarse sin aviso el
celebérrimo y atrapante "Mercado de Testaccio", que marcó toda una
época, con sus resonancias y sus perfumes a mares Tirreno y Adriático, juntos
en la fulgurante percepción rítmica del Salinas exiliado.
Hasta curiosas sorpresas se permiten estos viejos y nuevos
Inti Illimani, luego de compartir, hacia el final, el huayno
"Tacacoma": un bolero ("Llanto de luna") y un vallenato que
suena a explosiva, pero auténtica, cumbia ("La fiesta eres tú").
Una vez más Horacio Salinas, pese a presidir este encuentro
colocado en el centro de la escena, se entrega y goza como uno más del grupo,
sin ostentar el mínimo liderazgo. Las más ricas combinaciones instrumentales,
la sabia alternancia de solos instrumentales y vocales, la riqueza de matices
(no obstante la preponderancia de temas de pujante sonoridad, sostenidos por
versos hoy más llanos), ratifican una prolífica inventiva y una esencial
actitud ético-estética irrefutable e inconmovible.
René Vargas Vera
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