En ese largo período de exilio nos encontramos varias veces con ella en Europa y en otras ocasiones, nuestros rumbos, sabíamos, dibujaban líneas cercanas en esos mapas, y nos enorgullecía saber que sus conciertos concitaban una atención profunda en el público de esos países. Quien no entendiera aún las palabras de su canto podía disfrutar de los colores, la fuerza, la perfección de su afinación y de su sentimiento que se hacía voz.
Otros dos hechos particulares nos unen a su historia. Mercedes seguía con atención todo lo que sus pares creadores hacían y conocía cuanto existiera o fuera naciendo de canto latinoamericano. Nos premió eligiendo temas que salieron de nuestra usina: “Canción para Cándido Portinari”, texto de Nicolás Guillen y “Retrato” de Patricio Manns, ambas con música de nuestro director Horacio Salinas. La difusión de los temas cantados por ella se convirtieron en éxitos en un extenso sentido.
El otro hecho ocurrió en 1986, cuando los Inti Illimani, con trece años de destierro a cuestas, organizamos una campaña dirigida a presionar a la dictadura a entregar alguna razón por la prohibición de nuestro regreso y a exigir la derogación de dicha medida.
Teniendo una gira por Ecuador y Argentina planificamos aprovechar la escala aérea en Santiago para realizar el intento de entrar a Chile y manifestar con la gente del interior.
Mientras tanto se publicó un comunicado del gobierno militar diciendo que se nos mantenía fuera del país junto a otros dos mil chilenos incluídos en una lista negra, pues éramos “agentes del comunismo internacional”.
Por circunstancias extras, la gira en Argentina se suspendió a última hora, de modo que cambiamos el plan y decidimos que solo dos músicos viajaran a Chile en representación del grupo. Viajamos Marcelo Coulon y yo.
El intento estaba articulado para recibir también el apoyo de organizaciones por la democracia, estudiantes, trabajadores, representante de la iglesia, quienes desde los salones del interior del aeropuerto buscarían concretar un encuentro físico aprovechando nuestra situación de pasajeros en tránsito.
El avión aterrizó en medio de la oscuridad de una tarde de invierno donde las pozas de agua formadas por los temporales reflejaban como rayos las sombras de las casuchas de las poblaciones aledañas.
Luego de una puesta en escena teatral, con órdenes y contraórdenes que tenían alteradas a las azafatas ecuatorianas, que preguntaban qué pasaba, por qué no pueden bajar todos, qué hecho disturbaba la normalidad, porqué no se detenía el avión, quiénes éramos, finalmente la aeronave fue obligada a detenerse en un cabezal de pista. Por las ventanas de la aeronave vimos tanquetas rodeando el avión y presenciamos la movilización ridícula y desproporcionada de centenares de guardias de seguridad del régimen.
Escuchamos por los parlantes de la cabina: ”Solo los pasajeros con destino Santiago pueden bajar por la puerta delantera”, hicimos la fila con nuestro pasaporte chileno con “L” hasta encontrarnos con un rosario de agentes de negro apostados en la puerta y en la escalerilla del avión . Ellos respaldaron la orden del policía al que me enfrenté, quien al revisar mi documento dijo: “ usted no puede bajar del avión”, …”pero!” …. “¡ a su asiento!”.. y fuimos expulsados a Argentina.
Llegando a Buenos Aires estaban esperándonos Mercedes Sosa, Víctor Heredia, León Gieco y otros compañeros músicos argentinos para testimoniar ante los medios el abuso del cual éramos objeto.
“Hermanos” nos decían y había un dejo de circunstancias en que la historia nos ha unido como cómplices desde tiempos antiguos. Y en verdad en aquella y otras ocasiones hemos sentido esa hermandad pura, libre de toda retórica, hemos sido acogidos, rodeados con ese abrazo sin condiciones de nuestros hermanos de música de la Argentina en representación de su pueblo como un mensaje al pueblo chileno y al mundo.
Mercedes, con su imagen protectora estaba al centro de ese acontecimiento, con el poder de su convocatoria hablando por nosotros y dirigiendo su indignación y su dolor contra los militares carceleros de sus propios pueblos.
Mercedes elevó el canto como una clarinada y en su voz se unieron los cantos del continente, volvieron a vibrar viejos creadores de la tradición, despertaron cantos de motivos ancestrales, se refrescó el canto de la trova cubana y volvieron a alzar vuelo los cantos de Violeta y Víctor y todo ello como un gran arco iris sonoro cruzando los tiempos y abierto para pintarse con las expresiones de los compositores de las nuevas generaciones.
Mercedes Sosa quiso hacer vibrar todas las campanas y cubrir de música esta epopeya tantas veces dolorosa y siempre confiada en que la bondad y la pureza humana de nuestros pueblos impondrán finalmente mejores tiempos.
Cuando aquello suceda sentiremos con nosotros el eco de Mercedes Sosa como el canto de todos los cantos.
José Seves |