Inti-illimani Historico

En busca de Cándidos

De_canto_y_baile_-_TapaEl encuentro con el libro “El Otoño del Patriarca” de García Márquez estuvo interceptado por varios obstáculos que no me permitían pasar de la segunda página. Primera vez me topaba con una prosa que contenía una ansiedad dislocada, que parecía viajar sin destino por aspectos inconexos, por una madeja desordenada saltando de una hebra a otra con contenidos ya distantes del comienzo. Esa fiebre, ese atarantarse contando estaba determinado por la falta absoluta de puntación.

Me detuve en la lectura y abandoné varias veces desconcertado postergando esa necesidad de leer literatura latinoamericana que era uno de los puentes que no debían romperse con el largo exilio so pena de irse cortado como un volantín sobre los techos del mundo. Hasta que de pronto y sin saber fui encontrando la hebra del relator, comencé a sentirle el pálpito y su contar atropellado como si se le agolparan las historias en la boca ansiosa, y ubicarlo como una persona que había vivido largos años de dictadura, la misma que había vivido su padre y aun su abuelo y que posiblemente lo vería morir.

Entré en un templo donde pude compartir mis penurias que en ese tiempo ya sumaban siete años de destierro y pesaban como dos eternidades.

El libro me sedujo y me atrajo a su intimidad por unos tres años, en que en medio del avatar de las largas giras del Inti Illimani volvía a anotar y a descubrir la posibilidad cierta de hacer canciones e incluso imaginar una obra musical con dos historias centrales que allí había.

En verdad lo primero que me conquista es sentir, claramente, párrafos que perfectamente podían funcionar como estrofas, muchas veces de estructuras caprichosas. Textos en prosa que contenían musicalidad, juego de acentos, cojeras de ritmo y que me llevaban a leerlas en voz alta y convencerme que allí había una estrofa invitando a musicalizarla.

El resto del tema o de la historia que se asomaba estaba allí aunque había que adecuarla a la estructura encontrada.

Así seleccioné unos 20 temas posibles de reducir hasta hacerlas canciones. Pero luego agregué una selección de textos que contaban esas dos historias que eran la de Manuela Sanchez, la Reina de la Belleza del Barrio de las Peleas de Perros, una flor de población que le cautiva el corazón al dictador y que le demuestra la verdad cruda de que él nunca sabría morir de amor y la historia de ese pobre infeliz que por desgracia infinita de parecerse a él le tocó padecer el oficio de impostor. Esa era la historia de su doble: Patricio Aragonés.

Fue para mí un modo de acercarme a vivir la vida de mis compatriotas que vivían en Chile bajo la dictadura y sus políticas de terror.

En sueños me parecía traspasar la frontera para internarme clandestino en los territorios recorridos de mis barrios o en los bosques de Valdivia.

Pero luego compensaba el entusiasmo al comprobar, por las noticias que relataban acerca de los tormentos y las crueldades cometidas por los nazis chilenos, que la realidad dejaba chiquita a la fantasía del gran maestro.

Los pueblos bajo dictadura naturalmente están pendientes de construir fortalezas de esperanza de un pequeño signo, contestación o repudio y levantar entusiasmos porque una tos excesiva del dictador, por que “se escuchó que dijeron…”, porque un tropiezo suyo podía dejar ver la maravilla de un pequeño intersticio de libertad. Eso parecía un espejo de lo que yo estaba viviendo.

Sucedía también en el libro repetidas veces que el pueblo iba organizándose y oponiendo una resistencia tenaz que parecía irrefrenable y que luego él lograba desbaratar. Lo más inquietante era que el dictador luego afinaba su sensibilidad y lograba adivinar las intenciones antes que estas se posaran en las mentes de la gente que conspiraba para liberarse.

En las repetidas lecturas de esta obra pude deducir que cada vez que ocurría una derrota de las expectativas populares que generalmente terminaban con una tragedia que golpeaba a mucha gente con la mayor crueldad y donde el pueblo y sus cabecillas quedaban diezmados, el relato caía luego en una serie de adjetivos que trataban de alcanzar la profundidad del drama pero siempre aparecían las palabras esdrújulas y estas al repetirse iban cubriendo el contenido hasta hacerlos insulsos, sarcásticas, tragicómicas dejando lejos el dolor de lo ocurrido o por lo menos conteniéndolo.

Asimismo pude corroborar en varios ejemplos de canciones que usan esdrújulas para hablar de situaciones tristes y hasta terribles pero que con la magia de esta acentuación pasan por algo más liviano y trivial, más vivible. Están los ejemplos en Joan Manuel Serrat en “A usted” y en Chico Buarque en “La Construcción”.

El tema musical luego nació buscando un apoyo en el estilo samba de la música brasileña, pero al poco andar cuadró en el ritmo que teníamos, Horacio Salinas y yo, en la obsesión y que estábamos madurando como intérpretes: el landó Peruano.

La orquestación del preludio instrumental lo dirigió Horacio Salinas poniéndole un dejo de melodía de chachachá en la flauta no obstante el ritmo sea ternario.

Eugenio Llona aportó a mi texto dos líneas que amarran el contenido del estribillo y su llamado: “Libera tu rabia, Cándido, tu vieja ternura úsala”.

La solución del final vino como anillo al dedo: un rápido festejo invitando a bailar, al carnaval a pesar de todo, música como sanación, como liberación tal como sucede en la vida real de nuestro continente.

CANDIDOS

Música: José Seves

Texto : José Seves- Eugenio Llona

Rompió el ávido su cántaro

Ya no hay médico en lo póstumo

Impondrán, célebres los cándidos,

Su vorágine más poética,

Su vorágine.

Vive esta plebe autóctona

como un desolado páramo

viéndose tan mísera y decrépita

sin un santo fiel en la cúspide,

sin un santo fiel.

Sufriendo leyes maléficas

no hay más que subir los ánimos

al compás de un danzar telúrico

al cielo gritar nuestros cánticos,

al cielo gritar.

Presiento que por lo empírico

se ha enloquecido la brújula

el clamor que tuerce los estómagos

va azuzando al fin los espíritus,

va azuzando al fin…

Cándido, libera tu rabia, cándido,

tu vieja ternura, úsala

para revertir tu lóbrega vida de Lázaro.

Cándidos con tanta esperanza cósmica

venid, porque al fin

el ávido rompe su cántaro.

Antes que morir famélico

mártir de un destino trágico

más valdrá reconquistar por último

el honor de ser pueblo intrépido,

El honor de ser…Cándido, libera tu rabia…

Rompió el ávido su cántaro.