Crónica de una Noche Maravillosa
 

Con los sonidos aún vibrando en nuestros oídos, quisiéramos antes que nada agradecer la magnífica participación de los talentosos músicos que nos acompañaron en el concierto del Teatro Oriente el 30 de Abril. También pedir excusas porque al menos 200 personas quedaron fuera, sin entradas, pues se habían agotado el día anterior. Estaremos el 27 de Mayo en la sala histórica de la SCD de Santa Filomena.

Tantos y tantos han sido los espectáculos realizados en nuestra vida que pareciera difícil encontrar un motivo deslumbrante, una fuerte sorpresa novedosa, como para decir: “Este si que fue extraordinario!”. Y, sin embargo, nos sucede a menudo. La vida de conciertos tiene de sorprendente precisamente lo irrepetible de cada actuación, por una parte, y por otra la magia que a veces se crea maravillosamente y cuya fascinación va de la mano de la fuerza de la entrega, el diálogo y esa transversal conversación que vamos haciendo todos montados en las notas musicales y el canto de las palabras.

Lo del Oriente fue especial. Partimos con la Banda Conmoción. Ellos son un homenaje espléndido a esa lado festivo, glorioso, bullanguero, vital y hermoso de la parte carnavalesca de nuestro continente. Su música nos invade súbitamente de un espíritu positivo y fresco, enérgico y sensual. Talentosos muchachos y muchachas que forman un grupo único. El público los recibió y despidió con inmensa gratitud dejando el ambiente predispuesto a la felicidad y el goce.

Lo nuestro tuvo la sorpresa de algunas canciones revisitadas al inicio, como Sensemayá, Mi chiquita y Carnaval. Luego Ramis, Polo Doliente, Exiliada del sur, El Galgo terrible y Lo que más quiero. Sección patrimonial y en parte columna vertebral que explica mucho de nuestro modo y gusto. Los arreglos, casi intactos, incorporan el piano y el acordeón en algunos casos subrayando melodías que se visten de nuevas energías. Desde aquí fuimos entrando en una parte de composiciones y arreglos relativamente nuevos; Corocora con Tucán, instrumental de Jorge Ball que siempre es un desafío y que en esta oportunidad fue tocada por la varita mágica del equilibrio entre el tempo y los matices adecuados. Sección que nos predispone a la ejecución atenta y a un repertorio que nos gusta mostrar en un espacio particular del concierto. Allí estuvieron Huañacahua, con un arreglo que es síntesis de su arreglo orquestal en la Rosa de los Vientos, pero sólo con Sicus, Acordeón y Contrabajo. Tonada triste, una bella composición de Horacio Durán que interpretó con encanto y pulcritud. Alturas, que siempre nos deja pensando en algo que es un misterio y La Marusa, esta vez en una ejecución a la altura de las circunstancias.

Cerramos este momento con Arroz con cocolón. Casi como si se tratara de un buen menú, arte no muy distante de lo que es un programa de concierto.

Y apareció nuestra invitada, Denisse Malebrán. Poca veces, de verdad, solemos escuchar una voz tan musicalmente templada. Cantamos La infancia y El amor, de Canto para una semilla. Luego fue el turno de Toda una vida, el clásico bolero, esta vez acompañado por los Bipolares, grupo rock que forman Camilo, Fernando Julio y Danilo, en una versión hecha toda para la voz encantadora de Denisse y las notas esculpidas de los tres instrumentos. Terminó Denisse cantando con José Quién eres tú, bolero elegante que compuse con Patricio Manns para el disco Arriesgaré la piel.

Nuestra invitada de lujo combina con gran seguridad arte musical y profesionalidad escénica. Fue para nosotros una sorpresa gustosa su arte y vimos en escena talento y futuro. Sobretodo, a juzgar por la recepción cariñosa e intensa del público.

Desde ahí nos fuimos a la Danza mediterránea. Es decir al mundo tibio de cierta añoranza por la vida hecha en el mediterráneo. Los años de exilio que también fueron educación musical. Así como la Danza di Cala Luna - que esta vez no tocamos -, esta pieza nos invade de notas y remembranzas, ritmos y despliegue de cuerdas que tanto nos gusta. La danza mediterránea transporta a un mundo que también ha sido un antecedente de la música latinoamericana; la Jota mallorquina. Quién sabe cómo será el trayecto de la invención musical y si existe una memoria genética, pero cierto es que mi abuela paterna fue de familia Mallorquí, doña Catalina Roig Mazanet, y Danza mediterránea nació con una extraña familiaridad con este mundo musical.

Llegamos a la parte final con Montilla, Cantantes invisibles y Mulata. Aquí está el Llano venezolano con Montilla, Puerto Rico en Cantantes invisibles de José Seves y Cuba con la Mulata. Es un final que lleva un tiempo en nuestros conciertos y que, un poco, se resiste al cambio. Pero también hay que decir que los reemplazos no son fáciles. La maravilla, vista desde nuestro observatorio, es el modo en que estas canciones van soltándose (como sucede cuando uno se entusiasma con el baile) y dando espacio a momentos notables de incursiones personales en improvisaciones gozosas como las que escuchamos en el Oriente. Danilo rotundo, Camilo ingenioso y Fernando entregadísimo. A estas alturas llevábamos 2 horas y algo de concierto. Tuvimos que salir tres veces para cantar Medianoche, con un sentido y masivo coro que nos acompañó muy afinadamente el desamparado corazón que tenemos, el Mercado de Testaccio, por segunda vez, y las bellas sevillanas En libertad. Dos horas y un cuarto que pasaron volando.

Mención especial también al trabajo perfecto de nuestro Ingeniero Claudius Rieth en el sonido, los monitores de Nano Steger y el trabajo siempre indispensable de Vitoco y Jota Pé. Otro tanto para Muricio Grado en la iluminación y a nuestro manager Alfredo Troncoso, organizador entusiasta de nuestra vida profesional.

Cuando guardábamos los instrumentos y sentíamos que el rito llegaba a su termino, nuestra sensación era de maravilla, de profunda felicidad. Eso sucede al final entre bambalinas, el bienestar indescriptible al que nos traslada el arte de la música. El empeño de la seducción que se produce en el escenario entre unos y otros y el saber que esto nos traspasa y llega por vías misteriosas al público encantado. Porque hay que decir que no hay otro argumento que valide la vida de este grupo que no sea hacer música de esta única manera. Al modo nuestro y con gran respeto y cariño por el camino recorrido. Así es, porque la vida de un grupo es la continua seducción entre sus integrantes. De lo contrario, no hay música.